El día que comencé a correr

Artículo por @manumanuti #therunningalmanac

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Es raro lo que ha pasado en los últimos 3 años. Comencé a correr para mantenerme en forma y para reducir esa lonja mórbida que se adhería a mi cuerpo como el arrecife de coral a las carcazas viejas en el fondo del mar. 

Manumanuti #Jumpstagram
¿Crees que el hecho de que yo sea más fuerte o más rápido tiene algo que ver con mis músculos en este lugar? ¿Crees que es aire lo que estás respirando ahora? Dix. Morpheus (Matrix, 1999)

Nunca me importó tener sobrepeso, sobre todo porque la gente a tu alrededor en su afán por no lastimar los sentimientos de un “gordo”, te dicen que estás bien, que la piel que te sobra es una salud simbólica, una bondad encarnada, un pellejo homeostático.. ¿y luego por qué somos el país con más obesidad infantil en el mundo? porque un bebé gordito, con sus cachetitos de nalgas de Victoria Secret, es más bonito que uno flaquito.

Cuando comienzas a entrenar a una edad no tan temprana -yo tenía 25- lo difícil es lidiar con la concepción del tiempo. Tu cuerpo manco de experiencia y de un eficiente cronómetro biológico, se pierde en un laberinto caótico de tiempo y espacio, los minutos se dilatan y se escurren como en esos cuadros surrealistas de Dalí, en un acto descarado de complicidad con el progresivo cansancio de tus piernas.

“Tú sientes que corriste por 25 minutos unos 5 kilómetros, cuando en realidad has corrido kilómetro y medio en 10.”

El primer día que corrí por media hora sin parar me regresó el asma después de muchos años de ausencia; esa enfermedad desgraciada a estrujarme los débiles pulmones y a inducirme apneas intermitentes; el pecho me chilló como un animal herido, como un aullido de lobo solitario, hasta que me quedé dormido. A la mañana siguiente, el misterio inmunológico, mi respiración era nuevamente silenciosa, regular y vigorosa, como la de un suspiro enamorado.

Qué decir de mis piernas, contraídas por descargas eléctricas invisibles, eran débiles como las de un potrillo recién nacido o como de alguien que vuelve del coma después de décadas de letargo vegetativo. 

” ¡Me duele hasta para orinar!”  Mi mejor amiga después de haber corrido el medio maratón de Nueva York en 2014.

Y bueno, de ahí, ¿qué sigue? al otro día la persuasión anatómica y mental. Debes de convencer a tu cuerpo de hacer lo que no quiere hacer: exponerse a un dolor innecesario nuevamente, repetir la infernal rutina del día anterior, e ignorar ex profeso el aprendizaje negativo de la tortura auto-infligida; es algo como un experimento de contra-conductismo clásico: tú siendo al mismo tiempo el científico y el ratón, desafiando el orden natural de las cosas.

Al final, no estuvo tan mal, esa semana corrí tres días, y algo empezaba a gustarme al respecto, no sé si el panorama urbano de la ciudad de Newcastle -donde vivía- o la sensación fisiológica de las endorfinas explotando en mi cuerpo. No sé, pero algo “se rompió” y me cambió por dentro…

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2 comentarios en “El día que comencé a correr

  1. Definitivamente es una sensación de éxito y poderío el cruzar la línea de meta invisible que tu cerebro ha dibujado más allá de donde tus ojos pueden ver. Ahora tengo un nuevo reto, uno mucho más grande que incluye cientos de intereses sentimentales fallidos y un cuerpo lleno de nicotina y dificultad para respirar.

    Es momento de recuperar lo que dejé ir hace tiempo. Es momento de iniciar una nueva carera.

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