Mi madre y yo, verdaderos voladores de Papantla

Artículo por @manumanuti #therunningalmanac

Playlist Medio Maratón Tajín 2015 en Spotify

En el auto yo manejaba con mi madre rumbo a Papantla; ambos escuchando y cantando a viva voz el disco Primera Fila de las Flans (qué oso). Nos hicimos 3 horas y media desde el Puerto de Veracruz.

Eco Maratón Tajín 2015

Lo primero que hicimos llegando a nuestro destino fue dirigirnos al hotel donde nos quedamos el año anterior para la segunda edición del Eco Maratón Tajín. Es increíble darse cuenta que hace un año mi mamá corrió 5 km y yo 10, y ahora en 2015 ambos correremos el medio maratón. Nos hemos entrenado y nos sentimos bien, con muchas ganas de seguir cumpliendo metas y destrozando nuestros récords personales.

Caminamos 5 minutos al centro histórico, típico de todos los pueblos coloniales, con un parque y su kiosco a la mitad, de ombligo, rodeado por arcadas de edificios, incluyendo al Palacio Municipal y la catedral de la ciudad. Ahí mismo, a un costado estaba la recolección de paquetes (playera y chip); algo caótico, la fila parecía la de Six Flags en verano, pero mi mamá logró colarse ante un súbito despiste de los participantes que nos antecedían.

Después nos fuimos a comer algo, a una terraza desde donde pude ver el espectáculo puntual de los voladores de Papantla mientras me devoraba unas papantecas de piñon tostado, salsa seca y manteca.

Toda la tarde nos la pasamos refugiados del calor canicular, húmedo y tropical, hibernando en la recámara con el aire acondicionado a la máxima potencia. En la noche solo osamos salir al parque central, por una malteada de fresa, llovía – mañana estará más fresco- y caminamos entre una multitud frenética que disfrutaba del carnaval regional al ritmo de la Sonora Santanera.

Antes de dormir, el riguroso ritual: ajustarle el número a la playera, ponerle el chip a las agujetas de los tenis, tomar mucha agua. Alarma a las 5.30 am, la salida era a las 7 en punto. Horas después levantarse, despabilarse, caminar un poco, ir al baño antes de la carrera, imprescindible. Regaderazo frío.

El punto de reuniòn, el parque, tercera vez que estábamos aquí en menos de 24 horas. La salida justo enfrente del Mural Escultórico de la Cultura Totonaca, realizada por el oriundo Teodoro Cano.

La gente platica, estira, salta, se toma la selfie rigurosa; le ayudo a mi mamá a poner su playlist de música latina en Spotify, y la app de Runkeeper para medir su rendimiento. La cuenta regresiva, 10, 9, 3, 2, 1…

¡Suerte! me grita mi madre. Le sonrío, me sonrío. Estoy contento de estar aquí, con ella. Los primeros kilómetros son sencillos, ligera subida, muy ligera, y luego una pronunciada bajada por la carretera que te lleva desde Papantla hasta el sitio arqueológico del Tajín. Pero al llegar al cruce, la desviación hacia una camino viejo que se adentra en la vegetación espesa, partiendo en dos los ranchos de ganado y las casas paupérrimas.

Una tenue neblina desciende y cubre los árboles, las vacas y los caballos, como una caricia del padre cielo a la madre tierra que despierta. Me muero por detenerme y tomar una foto, pero mi prioridad es hacer mi mejor tiempo posible; me resisto y sigo, voy a un excelente ritmo 4.35 (1 kilómetro en 4 minutos 35 segundos).

Después de 35 minutos, veo a un corredor, inconfundiblemente cubano, como si corriera con acento, avanzando en sentido contrario, – ya pasó el retorno y se dirige a la meta- y detrás de él a pocos metros un mexicano que ya he visto en otras carreras. Levanto la mano, con el puño cerrado, para alentarlo, para alentarme, aún falta mucho llevo solo 7 kilómetros y medio de 21.

Por fin divisé a poca distancia el retorno, alrededor del kilómetro 12, aproveché entonces para detenerme por pocos segundos y disparar unas fotos presurosas. Nadie me rebasó, así que no me sentí culpable después.

Continué con el ritmo que había logrado mantener durante toda la carrera, me rebasó un chavo como de mi edad, y casi de inmediato un señor en su segunda mitad de los treinta. Me propuse mantenerme detrás de ellos, hasta que flaquearan, o yo en un momento inesperado de ímpetu milagroso, acelerase y los rebasara.

El milagro llegó en una pequeña colina del kilómetro 15 cuando en mi playlist se puso la pieza principal de Piratas del Caribe de Hans Zimmer; las percusiones bucaneras y el estruendo coral de la Filarmónica de Praga, me imprimieron el empuje necesario para rebasar primero a uno, luego al otro.

Le siguió en la playlist “Monalisa Overdrive” de Matrix Reloaded (la persecución en la moto Ducati) llenándome de más adrenalina sonora. En ese momento, me di cuenta qué tan importante puede ser la selección de canciones para una carrera. Los empecé a dejar muy atrás. Pasando el kilómetro 19, rebasé a un señor, y apenas lo había superado, sentí sus manos sobre mis hombros, me asusté; el extraño me vio directo a los ojos, y con un empujón sutil sobre mi espalda me dijo: vamos muchacho, cierra con todo.

No sé si fue tanta la inspiración, o la pena de decepcionar a ese viejo desconocido, pero su mensaje sería un eco de motivación que me perseguiría, empujando, hasta cruzar la meta. Solo faltaban dos kilómetros, tan solo dos, era momento de explotar las últimas energías corporales.

A lo largo del kilómetro 20 el tiempo y la distancia se expandieron de maneras surreales, y al llegar al último kilómetro me sucedió algo que no me había pasado nunca en ningún entrenamiento o competencia: se me acalambraron ambas pantorrillas. Sentí como una corriente eléctrica hacía nudo mis músculos; estuve a punto de caerme, como si me hubiesen amarrado ambas piernas con una cuerda. Vamos, me decía a mí mismo, falta poco. Resistí, resisití y perseveré; el dolor se desvaneció, y al girar la cabeza por encima de la curva vi la meta. Este año no entraríamos hasta las pirámides. A huevo.

Metí el sprint habitual, pero la lluvia torrencial de la noche anterior había creado un lodazal, esquivé los charcos y levanté las piernas para evitar resbalarme. Alcancé a rebasar a dos competidoras, que también alzaban las rodillas muy alto como dos grullas flacas. Atravesé la meta, quise detener mi tiempo en la app, pero el cel estaba tan húmedo por el sudor y el agua, que me tardé varios segundos. Mi mejor tiempo 1.37 y algo, tenía la mirada nublada, como Papantla esa mañana.

Runkeeper Tajín 2015

Tomé un agua, me colgaron la medalla en el cuello y me fui donde empezaba la curva a esperar a mi mamá. Estaba muy agotado, física y emocionalmente. Sollocé y me puse a llorar. El sentimiento de satisfacción fue un mar desbocado que no pude controlar con mis párpados.

Temblaba, mucho, hasta que logré controlarme. Y esperé, hasta que 40 minutos después vi la figura de mi madre, corriendo algo encorvada, como si cargara en su espalda la joroba pesada de los 21 kilómetros. La acompañé los últimos 50 metros; 2.28, dos minutos menos que en su primer y único medio maratón hasta ese día. La abracé, nos abrazamos. Ambos habíamos hecho nuestros mejores tiempos.

“Pensé que te ibas a regresar por mí como esa vez en Veracruz”. ¿Qué te pasa o qué? si no es feria. Ambos reímos.

Nos tomamos las dos selfies de siempre, una mordiendo la medalla, la otra sonriendo “casual”.Caminamos bajo el sol hasta que un taxi nos quiso levantar y llevarnos al Centro de Papantla, nos bañamos, separados, por vida santa, es mi madre. Y decidimos escapar de la ciudad y detenernos a comer mariscos, un cóctel, en algún pueblo carretero, quizá Nautla o Costa Esmeralda.

Mi mamá y yo

Volvimos a poner el disco de Primera Fila de las Flans (doble oso) y a cantar a viva voz, esta vez, no con la ilusión de la competencia, sino con la satisfacción de haber corrido el mejor medio maratón de nuestras vidas; y sobre todo, el haber concretado un viaje más, juntos, más que como madre e hijo, como un par de amigos que comparten la misma desaforada pasión: correr.

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7 comentarios en “Mi madre y yo, verdaderos voladores de Papantla

  1. Excelente reseña!!, la piel se me puso chinita de nuevo, también rompí en llanto al cruzar la meta, ese día estaba cumpliendo años y me regalé mi mejor tiempo hasta ahora en un medio maratón, fue un recorrido espectacular, paisajes con neblina, sapos aplastados sobre la carretera, el cubano sonriendo y chocando la mano con los que apenas íbamos hacia esa manta roja que indicaba el retorno de medio maratón, te cuento que yo soy ese “chavo” que rebasaste (playera amarilla) ya no te pude dar alcance, el domingo pasado entrenando con mis amigos y recordando la gran experiencia del eco maratón Tajin, les contaba que estaba seguro que habías comido algo, un gel o algo así porque se notó tu inyección de energía ahora se porque fue, la maravillosa música, te rebase pasando el kilómetro 16 y antes del 18 me diste alcance y me pasaste, también quería mantener cerca pero te fuiste alejando más y más, no sabía que contabas con esa arma secreta 😉
    Felicidades por esa carrera y nos vemos el próximo año para la revancha, saludos

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    1. Hola, ¿cómo te llamas? gracias por el comentario, me dio muchísimo gusto leerlo. ¿En serio eras tú? wow qué pequeño es el mundo. Felicidades por la carrera. ¿De dónde eres? igual y nos encontramos en alguna otra competencia antes del Tajín 2016 jajajaja. Saludos.

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      1. @curiscorp si que es pequeño el mundo, soy del defectuoso (D.F.) por ahora ya solo me quedan carreras aquí en la ciudad, 2 o 3 medios antes del maratón de la ciudad de México y en diciembre el maratón de Monterrey

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    1. Yo también voy a correr el Maratón de la Ciudad de México, y antes el medio, y también los 21k de Adidas (split). Vivo aquí en el DF, igual y un día podemos ir a correr, y a tomar fotos para mi cuenta de @instagram @manumanuti y el hashtag #TheRunningAlmanac 🙂 Y sí, comparto contigo, se conoce gente increíble.

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