Scotiabank Toronto Waterfront Marathon

Artículo por @rood_omar

Know Yourself – Drake

Abrí los ojos, aún era de noche, el reloj marcaba las seis de la mañana, sobre mi rostro rebotaban las inagotables luces del skyline de Toronto. En medio de ese panorama de rascacielos, resaltaba, como un gigante de concreto, la CN Tower. Monumental, titánica, proporcionalmente superior a todas las demás torres. 

Esa mañana, mi autoestima y confianza era tan sólida como aquella torre. El día que tanto había imaginado por fin había llegado, estaba por correr el Scotiabank Toronto Waterfront Marathon. 

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Muchos meses atrás, Manu había tenido la suerte de salir seleccionado para correr el Maratón de Chicago. Yo de aferrado, decidí buscar mi propio maratón en el extranjero. Viendo fechas y presupuestos todo se reducía a dos opciones: Toronto en octubre o Dallas en diciembre. La respuesta era casi obvia: ¡Canadá, allá vamos! 

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No lo pensé mucho, en un impulso compré mi vuelo e inmediatamente me inscribí al maratón. Ya después tendría tiempo para preocuparme por la visa. La cuál fue muy fácil de tramitar una vez que llenas los miles de formatos sin sentido que exige la embajada canadiense.

Los cuatro meses de entrenamiento pasaron volando, esta vez no me entrené tan propiamente como el año pasado. La verdad es que salía mucho por las noches, comía lo que se me antojaba y de vez en cuando me saltaba los entrenamientos. Sin embargo, 2 semanas antes de la carrera logré mi entrenamiento mas largo, los famosos 35km, en un excelente tiempo, pero sobre todo en una excelente condición física para obtener la confianza necesaria que necesitaba para el maratón.

Llegué a Toronto dos días antes de la carrera, Manu me había contactado con su tío en Toronto, curiosamente también llamado Manuel Nevraumont, quien me dio alojo en la ciudad y me enseñó lugares que no hubiera conocido jamás si hubiera ido por mi cuenta.

El día del maratón el pronóstico del clima marcaba un 60% de probabilidad de lluvia y un clima nublado pero al mismo tiempo con una temperatura de entre 12-18° Celsius. Justo a unos minutos de arrancar la carrera, empezó a llover, drámaticamente, añadiendo un reto mas a todos los corredores que estabamos por arrancar.

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Mi mayor preocupación eran mis lentes, si se me mojaban y no podía ver, entonces estaba en problemas. Sin embargo, la gorra que llevaba me protegió bastante bien de la lluvia, la cual no me afectó en ningún momento, al contrario, fue hermoso ir corriendo bajo un chubasco con toda la aderenalina que mi cuerpo podía generar, acompañado de otros 25mil locos a los que al parecer, tampoco les importaba que no volvieramos a estar secos por el resto de la competencia.

Los primeros 10km los corrí, para sorpresa mía, a un ritmo bastante rápido para ser un maratón, mi ritmo era en promedio de 5:08, pero me sentía bien y no quise bajar el ritmo. La mayoría de la carrera estuve a lado de un grupo de tres mexicanos; nunca les hablé hasta el km 20, para preguntarles cuanto tiempo pensaban hacer:

  • Vamos por 3:30, ¿Y tú?
  • Yo, no sé, veamos si les puedo seguir el paso, y reí… nerviosamente, reí.

¡No lo podía creer, estaba corriendo al mismo ritmo que un grupo de maratonistas que iba por tres horas treinta! Definitivamente me estaba emocionando y lo único que temía es que mi cuerpo fuera a tronar mas adelante.

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Pero no pasó, seguí corriendo sin bajar el ritmo, concentrado en mis pensamientos, en mi respiración, en tomarme mis gomitas de carbohidratos puntualmente, en hidratarme propiamente, en evitar pensamientos negativos, en ignorar cualquier seña de dolor, pero sobre todo. En disfrutar la carrera, en vivir al máximo cada paso que daba, por que no había sido fácil, por que le dediqué mucho tiempo a ese día, por que ahorré mucho y di mucho de mi esfuerzo para poder llegar a Toronto; los edificios y las calles me motivaban, las banderas canadienses eran una seña que cada día mis pasión por el running se fortalecía y yo no podía estar mas contento al respecto, amo correr y lo pienso hacer por el resto de mi vida.

El rabbit de 3:30 me rebasó y luego fue el de 3:35, a mi no me importó, yo estaba haciendo la mejor carrera que había hecho en mi vida y nada me iba a detener. Para el km 30, vi a Michel ir de regreso, lo saludé y le mande un fuerte y lleno de cariño: “¡Échale huevos wey, vas con todo!”. Volté a ver en que km iba y el ya iba entrando al 36. Un par de días antes me había comentado que iba por debajo de las 3 horas y todo apuntaba que lo iba a lograr.

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Yo seguí dandolo todo, para el km 35 era el momento de afrontar el mayor reto de todos, la famosa pared. Mis pies ya se sentían cansados, me pesaban mas de lo que normalmente pesan, sentía que iba cargando bolsas de piedras debajo, o como si algún fenomeno extraño de la fisica, hiciera que la gravedad exijiera que mis pies no se levantaran del suelo.

Apliqué la que nos enseñó Araiz, en los últimos km dedicale cada km a una persona que quieras, eso te ayudará a enfrentar el final. Y así lo hice:

El 35km fue para mi familia en general, tíos y primos que me han acompañado en otras carreras, que siempre me felicitan después de que termino de correr. Ellos fueron los primeros por que aunque yo no podía ver mi celular, sabía que ellos de alguna u otra forma estaban al pendiente de mi carrera.

El 36 para Manuelas, por que él ha sido parte de este proceso y simplemente mi historia como corredor no sería la que es si no fuera por él, mi gran y querido, perri. El km 37, fue para Pedre, mi mejor amigo desde hace 8 años. 38 mis hermanos, 39 mi abuela y el buen puccini, sin duda, el 40 para mi madre, por que nadie me ha apoyado tanto como corredor como ella y finalmente el 41 para mí, por el esfuerzo que le dediqué a esa carrera, por que practicamente ya lo había logrado. Estaba a 1km y 200m de lograr un record personal.

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Las calles me inyectaban adrenalina, había mandado a volar mis audifonos, los gritos y coros de las personas eran una carga de energía a mis músculos, los últimos metros corrí con todo lo que mi cuerpo podía dar. En ese momento era humanamente imposible dedicarle mas energía a mis pisadas.

Crucé la meta y exploté en llanto, la alegría simplemente no podía ser expresada con una sonrisa. Inmediatamente paré mi tiempo y me di cuenta que había superado por mucho mis propias expectativas, había acabado el maratón de Toronto en 3 horas y 44 min!

Gracias a la increíble técnología del maratón, mi familia pudo seguirme cada 5km, inmediatamente depués de cruzar la meta ya estaba hablando con mi madre, contandole lo feliz que estaba y como, el 16 de Octubre del 2016, se había convertido en uno de los días más felices de mi vida.

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Todo lo que siguió fue puro placer: comer, dormir y descansar. Y ese dolor múscular que uno siente después de terminar un maratón, sabía que era mi cuerpo diciendome de una forma muy sútil, que nos estabamos volviendo mas fuertes.

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